• mi√©. Ago 12th, 2020

Ciencia Y Educación

La película que presagia la caída del Capitalismo Globalista.

cosmopolis pelicula

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Obra maestra

Otra película clave de David Cronenberg, destinada al menosprecio y a la incomprensión, un film de una solidez formal admirable, el que materializa la era del capital abstracto y su correlato subjetivo. 

Cosmopolis¬†no es la pel√≠cula ideal para las amantes teens del vampiro de¬†Crep√ļsculo, aunque el film de Cronenberg es tan crepuscular como aqu√©l y el personaje de Pattinson, Eric, bien podr√≠a considerarle como un vampiro, pero de otra estirpe. Eric pertenece a esa √©lite planetaria empresarial, los amos del capital financiero, que sin trabajar f√°cticamente duplican sus ganancias desde un ordenador y que tambi√©n succionan virtualmente la vida de miles de criaturas inocentes. ‚ÄúHay un espectro en el mundo y es el del capitalismo‚ÄĚ, se puede leer en un cartel luminoso al promediar la pel√≠cula. Cronenberg en una entrevista al canal oficial del festival, insisti√≥ con esa cita, la que proviene del libro pero que √©l subscribe y entiende como el contexto de su pel√≠cula.

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Basada en la novela de Don DeLillo de título homónimo, el motor de la trama pasa por el intento de Eric Packer de cruzar Manhattan en su limusina para cortarse el pelo. Es un día de protestas y de embotellamientos: el presidente visita Manhattan. Así, lentamente, avanza la carroza blanca millonaria y distintas personas vinculadas a Eric se suben al auto: allí se puede desde discutir el destino del euro, tener sexo con una amante pretérita de alto vuelo (Juliette Binoche) o ser examinado por un proctólogo. En el final Eric tendrá un enfrentamiento con un (des)conocido. Tal vez pierda la vida. (Su posible asesino, como él, se descubrirá un poco antes de que el suspenso alcance su mayor tensión, tienen próstatas asimétricas. La fijación de Cronenberg con el ano merece un estudio aparte, pero no es aquí el momento indicado)

Cosmopolis¬†exige demasiada atenci√≥n; para ciertos colegas eso significa tener permiso para decretar la pretensi√≥n intelectual de Cronenberg como excesiva, incluso insinuar que ese juego con el Logos no es otra cosa que una cortina de humo: el film no cuenta nada, o en √©l nada sucede, excepto por unos agentes discursivos que poco tiene que ver con personajes. En verdad, en¬†Cosmopolis¬†sucede de todo y por todos lados. Es cierto que los escenarios son escasos: una limusina, una librer√≠a, un taxi, una discoteca, un departamento, una plaza con una cancha de b√°squet.¬† De all√≠ que los cr√≠ticos m√°s agudos han insistido, como si se tratara de un car√°cter negativo del film, la propensi√≥n teatral de¬†Cosmopolis. La pel√≠cula podr√≠a ser ‚Äďseg√ļn ellos- una obra teatral, una suerte de teatro cartesiano y marxista, divida en actos en donde Eric discute y expone sus pr√°cticas y un ‚Äúte√≥rico‚ÄĚ le explica qu√© piensa y lo cuestiona.

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Sin embargo, la propuesta de Cronenberg es antiteatral por excelencia. El universo blindado de la limusina, al inicio presentada en un plano secuencia que recorre el per√≠metro del veh√≠culo, no es meramente un reducido topos del encargado del dise√Īo de arte. El veh√≠culo es una metaf√≠sica de la abundancia ilimitada, la del capitalismo del XXI, y sus interiores constituye la segunda naturaleza y piel del protagonista. Todo es t√°ctil y deleznable. Tal como sucede en la novela, Cronenberg reproduce el grado cero de sonido exterior que Eric busca obtener dentro de su autom√≥vil. El mundo exterior debe enmudecerse y en lo posible desaparecer. Los vidrios polarizados, no obstante, funcionan como pantallas. Incluso lo real que se introduce desde la ventana adquiere un semblante de imagen reproducida, una distancia as√©ptica. En ese sentido, Cronenberg aprovecha a fondo el embotellamiento y la obligada velocidad m√≠nima con la que se desplaza la limusina. Las ventanas introducen as√≠ una profundidad de campo de lo real, pero como si √©sta estuviera mediada por pantallas. Lo que vemos es una variedad asombrosa de episodios sociales: protestas varias, anarquistas colerizados, pobreza, incluso se ver√° a un personaje clave retirando dinero de un cajero autom√°tico.

Esta dicotom√≠a entre lo cerrado y lo abierto, entre la pulcritud de cristal y la amenaza dist√≥pica y ca√≥tica (el excedente de la riqueza) conforma otro discurso, una variaci√≥n visual sobre lo que algunos personajes van diciendo en tono ‚Äúacad√©mico‚ÄĚ. La psicolog√≠a de Eric sostenida en un consumo infinito y en el mero capricho (comprar una catedral, por ejemplo) es el reverso del exterior consumido. Naturalmente, el instante consciente y clave ideol√≥gicamente funciona en boca del personaje de Samantha Morton, encargada del departamento de Teor√≠a. ‚ÄúLa funci√≥n narrativa del dinero ya no funciona‚ÄĚ dir√°. La tesis: el tiempo ha dejado de sujetarse al dinero sino que el dinero es en s√≠ el horizonte de todo, incluso del tiempo. A su vez, la acumulaci√≥n se ha liberado del papel impreso. La abstracci√≥n domina el imaginario de Eric.

En síntesis: interesante decisión tomada para un film que por su voluntad de respetar la descripción de la novela la absorbe a través de un travelling de tortuga. La lentitud, en este contexto, es una transgresión, y así Cosmopolis es una experiencia claustrofóbica en cámara lenta, que ni siquiera sus decisiones de encuadre y lentes habrán de variar.

Si en Un método peligroso Cronenberg proponía una genealogía elegante del discurso psicoanalítico y la cartografía mental del siglo XX, en Cosmopolis el realizador sintetiza la subjetividad capitalista de este siglo digital.

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¬ęCosmopolis¬Ľ es la mejor pel√≠cula posible para hablar del ahora. Un relato fascinante o esbozo de reflexi√≥n total de nuestra realidad que se topar√° con quien la acuse de que entre sus l√≠neas no sucede nada, cuando entre ellas sucede todo.

En el momento presente, es el diagn√≥stico de la crisis la nota dominante, el discurso a seguir por la ficci√≥n como v√≠a para buscar culpables, revolverse contra el estado de las cosas. La verdadera revoluci√≥n en el enunciado, en la manera de afrontar lo global, empero, requiere de un escal√≥n superior en la lucidez del an√°lisis. En 2003, Don DeLillo publicaba su imprescindible ¬ęCosmopolis¬Ľ, y en ella se adelantaba a ese salto al vac√≠o que el mundo iba a dar en cuesti√≥n de pocos a√Īos. Entre sus p√°ginas, no tanto prof√©ticas sino de gran clarividencia, se conten√≠a ese di√°logo extraordinario que situaba el epicentro del problema. ¬ŅCu√°l es el defecto de la racionalidad humana?, le preguntaba Vija Kinsky a Eric Packer en el interior de su limusina. Que finge no ver el horror y la muerte que aguarda en la culminaci√≥n de los planes que idea, respond√≠a el mismo personaje.

Fuera del coche, las ratas tomaban la ciudad, zarandeaban el veh√≠culo en medio de una manifestaci√≥n que Kinsky defin√≠a como acto contra el futuro. En una escena de ¬ęCosmopolis¬Ľ , David Cronenberg reproduce esa conversaci√≥n que podr√≠a ser clave para hallar la quim√©rica esencia de todo: el mundo como fr√°gil proyecci√≥n del capitalismo, el capitalismo como fr√°gil proyecci√≥n de la naturaleza humana. El ser humano como ente condenado a una auto-destrucci√≥n c√≠clica de la que prefiere embriagarse antes que asumir responsabilidades. La met√°fora es precisa en ese viaje al colapso que protagoniza Packer, incorporado con coherente gelidez por un Robert Pattinson acorde al signo de su personaje, abandonado a los brazos del impulso y la desgana existencial con que dejarse llevar hacia el abismo propio que resume el colectivo. Y Cronenberg entiende perfectamente esa s√≠ntesis, recrea con fidelidad cada palabra y escenario de una Babel desbordada de miedos contempor√°neos, asumiendo la intuici√≥n superdotada de DeLillo con una inteligencia rara en el cine.

Por todo ello, ¬ęCosmopolis¬Ľ es la mejor pel√≠cula posible para hablar del ahora, un relato fascinante o esbozo de reflexi√≥n total de nuestra realidad que inevitablemente se topar√° con quien la acuse de que entre sus l√≠neas no sucede nada, cuando entre ellas sucede absolutamente todo. Los pensamientos en voz alta aislados del sonido externo en el asiento de atr√°s, el arte de Rothko en los cr√©ditos, el inasible valor del yuan, el sexo sugerido y despojado de ceremonias, como sucia culminaci√≥n del instinto. Todo confluye con brillante naturalidad en esa ecuaci√≥n que termina en el hartazgo de Benno Levin, en esa disertaci√≥n brillante y consciente de sus contradicciones, convencida de que cuando ya nada puede ser razonable, solo queda poner un simb√≥lico punto y final.

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La película que presagia la caída del Capitalismo Globalista
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¬ęCosmopolis¬Ľ es la mejor pel√≠cula posible para hablar del ahora. Un relato fascinante o esbozo de reflexi√≥n total de nuestra realidad que se topar√° con quien la acuse de que entre sus l√≠neas no sucede nada, cuando entre ellas sucede todo.
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