• dom. Nov 28th, 2021

El holocausto de los c贸dices nahuas por el fanatismo de Fray Juan de Zumarraga.

El holocausto de los c贸dices nahuas por el fanatismo de Fray Juan de Zumarraga.

 


El holocausto de los c贸dices nahuas por el fanatismo de Fray Juan de Zumarraga.

El desastre de la documentaci贸n ind铆gena durante la invasi贸n
conquista espa帽ola en Mesoam茅rica

Introducci贸n  : El holocausto de los c贸dices nahuas por el fanatismo de Fray Juan de Zumarraga.

 

Desde una perspectiva cr铆tica, este escrito tiene el objetivo de presentar algunos temas
sobre el fen贸meno referente al desastre al que fue sometida la documentaci贸n ind铆gena
durante la invenci贸nconquista espa帽ola en Mesoam茅rica. Regi贸n que abarcar铆a el
centrosureste de M茅xico y la zona norte de Centroam茅rica; espacio donde florecieron
las m谩s importantes civilizaciones prehisp谩nicas, entre ellas las de los pueblos olmeca,
tolteca, maya, mixtecozapoteca, totonaca y azteca.


El desconocimiento o la omisi贸n respecto al estudio, en las escuelas de bibliotecolog铆a,
acerca de la destrucci贸n de las obras documentales ind铆genas mesoamericanas, entre
otros t贸picos inherentes a la documentaci贸n de esas civilizaciones, han producido que el
an谩lisis de la bibliograf铆a en M茅xico com煤nmente inicie a partir de la 茅poca colonial. El
contraste sobre esta situaci贸n se puede observar entre la obra intitulada Bibliograf铆as
novohispanas o historia de varones eruditos (Rivas, 2000), en donde el quehacer
bibliogr谩fico se ci帽e al universo del periodo colonial; y el libro La cultura bibliogr谩fica
en M茅xico (Perales, 2002), en el que la autora incluye, en el marco de la corrientes
culturales de la bibliograf铆a mexicana, 芦la corriente documentogr谩fica mesoamericana禄.
Son v谩lidas las obras en las que los autores delimitan su objeto de investigaci贸n en torno
de la bibliograf铆a novohispana, lo que no debemos aceptar es que un curso o un libro
que intenta abarcar el tema de la bibliograf铆a mexicana en general, se circunscriba el
profesor o el autor a estudiar los or铆genes de esta tem谩tica a partir del quehacer
bibliogr谩fico que se propici贸 durante el periodo de la Colonia.


La historia antigua de los libros y las bibliotecas, incluida la historia de las diferentes
formas de escritura, no se reduce 煤nicamente en saber el origen de estos instrumentos,
recintos y recursos intelectuales de lo que aconteci贸 en el mundo remoto de los
babilonios, asirios, sumerios, chinos, egipcios, griegos, romanos y otros pueblos lejanos
de la Am茅rica prehisp谩nica, pues existen suficientes indicios que los toltecas, mayas,
mixtecos, zapotecas, totonacas y aztecas ten铆an tambi茅n m茅todos y t茅cnicas para
elaborar libros que hoy en d铆a conocemos como c贸dices; que en el cuadrante de la
civilizaci贸n azteca, por ejemplo, figuraba el personaje llamado tlacuilo (escribano), el
objeto denominado amoxtli (libro) y el recinto conocido como amoxcalli (casa de
libros).


El tema de la destrucci贸n de los manuscritos pictogr谩ficos mesoamericanos debe ocupar
un sitio esencial en las lecciones referentes a los desastres de la cultura documental
mexicana. La quema indiscriminada de los libros aut贸ctonos, como uno de los
mecanismos efectivos de destrucci贸n por parte de los conquistadores militares y
religiosos espa帽oles en tierras del M茅xico antiguo, es t贸pico que bien cabe en obras con
t铆tulos tan elocuentes como El libro de los desastres que escribi贸 Fernando Ben铆tez.

 
Con el fin de conocer nuestras ra铆ces documentales, a los profesionales de las
instituciones bibliotecarias nos debe interesar la documentaci贸n ind铆gena
mesoamericana en general y la devastaci贸n que enfrent贸 茅sta ante el embate de la
llegada de los espa帽oles; con el af谩n de investigar m谩s profundamente nuestra identidad
cultural, a los profesionales de la bibliotecolog铆a debe llamarnos la atenci贸n el destrozo
cometido en Mesoam茅rica durante el proceso de la Conquista respecto a los libros
ind铆genas que produjeron las civilizaciones que poblaron esta regi贸n.

El holocausto de los c贸dices nahuas por el fanatismo de Fray Juan de Zumarraga.

La devastaci贸n y represi贸n en torno de la cultura documental ind铆gena

Como se sabe, el Estado colonial espa帽ol implant贸 en Mesoam茅rica un orden social
(Nueva Espa帽a) que se tradujo en una sucesi贸n de cat谩strofes, imposiciones, angustias y
trastornos respecto a las formas de acumular el conocimiento nativo, sabidur铆a
registrada a trav茅s de la escritura jerogl铆fica. Por esto no hay que perder de vista la otra
versi贸n, la que infiere con meridiana lucidez el historiador Miguel Le贸nPortilla en sus
libros Visi贸n de los vencidos: relaciones ind铆genas de la conquista y El reverso de la
conquista. Este mismo autor en otra de sus obras es elocuente al escribir:

La conquista espa帽ola y lo que a ella sigui贸, alter贸 profundamente la cultura ind铆gena y
trastoc贸 de modo particular sus formas de saber tradicional y los medios de preservaci贸n
de sus conocimientos religiosos, hist贸ricos y de otras 铆ndoles. Sin exageraci贸n puede
afirmarse que acarre贸 la fractura y a la postre la muerte de un sistema de preservaci贸n de
conocimientos con ra铆ces milenarias. (Le贸nPortilla; 1996, p. 13).


En este sentido, el proceso de la Conquista no es un asunto menor que deba pasar
inadvertido, puesto que fue el fen贸meno causante del estrago que provoc贸 el da帽o
entorno de la estructura social que los pueblos originarios hab铆an construido para
conservar su memoria documental. Una estructura en que se creaban las relaciones
sociales entre los grupos sociales y las instituciones sociales de aquella 茅poca. El
quebranto que produjo el atropello de la invasi贸n espa帽ola en Mesoam茅rica fue
absoluto. Esta percepci贸n rotunda la comparte otro historiador que se ha ocupado
sobre el tema desde un punto de vista cr铆tico:

El primer efecto de la Conquista sobre la memoria ind铆gena fue la destrucci贸n del sistema
estatal que recog铆a y propagaba el pasado por medio de los c贸dices […]. Al desaparecer las
instituciones que antes almacenaban la memoria se perdieron tambi茅n los instrumentos
que aseguraban la transmisi贸n de una generaci贸n a la siguiente. Otro efecto de la
Conquista fue la represi贸n de la antigua memoria. Desde la invasi贸n europea la
transmisi贸n del pasado ind铆gena se produjo en un clima de hostigamiento que ahog贸 las
formas de recordaci贸n que disent铆an de las impuestas por el vencedor. (Florescano; 1999,
p. 232).


La autoridad invasora recurri贸, como testifica la historia, cada vez m谩s al uso de la
fuerza bruta, a la agresi贸n sistem谩tica, motivo por el que la afecci贸n respecto a la cultura
documental ind铆gena ser铆a importante para crear las condiciones necesarias de un poder
colonial, cuyos fundamentos caracter铆sticos ser铆an la explotaci贸n y la violencia; el
despojo y el crimen durante tres siglos. El desenfreno de Espa帽a por expandir su raz贸n
cultural abarca la devastaci贸n y represi贸n de la cultura documental ind铆gena,
constituida por las formas de pensamiento en el contexto y en la vida de los antiguos
mexicanos. Sobre este asunto, se puede ampliar y profundizar cuando se escribe:

Mucho de lo que para los ind铆genas debi贸 ser su viejo legado se perdi贸 entonces para
siempre. Hubo quemas de libros pictogl铆ficos, destrucci贸n de templos, efigies de dioses y
otros monumentos. A ra铆z de la conquista era riesgoso hablar de libros y de los
monumentos con inscripciones y efigies de dioses. Mencionarlos y poseerlos significaba
aparecer como id贸latra y atraerse el castigo y la destrucci贸n de esos vestigios
testimoniales. (Le贸nPortilla; 1992, p. 136).


Las quemas de manuscritos jerogl铆ficos fueron el s铆mbolo del exceso de los
conquistadores y la pesadilla de quienes ser铆an derrotados. El hombre mesoamericano
perdi贸 as铆 su memoria en medio de lo horrible de todo aquello que para 茅l signific贸 la
desgracia de la llegada de los invasores. El clima social del M茅xico antiguo se
impregnar铆a de pesimismos y desastres, pues la aniquilaci贸n de su cultura superior,
hasta entonces desarrollada, ser铆a arrasada con especial frenes铆. La riqueza de la
documentaci贸n escrita, basada en un sistema de escritura pictogr谩fica, durante el
proceso de la invasi贸nconquista fue severamente trastocada. La destrucci贸n de la
cultura pictogr谩fica de la sociedad ind铆gena prehisp谩nica, referente a esas mismas
coordenadas de tiempo y espacio, se comprende desde otra 贸ptica cuando leemos:

Cierto es que varios de los cronistas, ind铆genas y espa帽oles, que hablan de las amoxcalli,
dan luego testimonio del tr谩gico acabamiento de las mismas y de la gran mayor铆a de los
viejos libros, los que llamaban 鈥渃贸dices鈥. […] en tanto que hubo quemas y destrucci贸n de
los amoxtli, libros o pinturas, tambi茅n se dejo sentir un inter茅s por conocer esas
鈥渁ntiguallas鈥. (Le贸nPortilla, Miguel. 鈥淧resentaci贸n鈥. En: Mathes, Miguel; 1982, p. 7).


Cabe mencionar que Amoxcalli, en el 谩mbito de la sociedad mexica, significaba 芦la casa
de los libros禄. Algunos autores se refieren indistintamente a esa especie de espacios
como bibliotecas o archivos. Recintos en donde los documentos primitivos conocidos
como 芦c贸dices禄, daban testimonio del desarrollo cultural de la civilizaci贸n n谩huatl;
espacios en donde los sabios (tlamatinis) y escribas (tlacuilos) ind铆genas, conocedores
de la escritura tradicional cultivada en esa regi贸n mesoamericana, se encargaban de
registrar y conservar su historia; lugares donde los tlacuilos eran los responsables de
鈥渆scribir pintando鈥 o de 鈥減intar escribiendo鈥 los c贸dices sobre temas de toda naturaleza.
Palabra cuya ra铆z en lat铆n, codex, significa 鈥渓ibro manuscrito鈥; expresi贸n que se
generaliz贸 para denominar los documentos pictogr谩ficos que fueron elaborados por la
civilizaci贸n ind铆gena de Mesoam茅rica. Y, en efecto, hoy en d铆a se le llama c贸dice a lo que
en la documentaci贸n colonial sobre el M茅xico prehisp谩nico escrita en n谩huatl se llama
amoxtli; en maya, pik hu’un; en mixteco, tacu, y en general los espa帽oles llamaron
pinturas de los indios.


La toma y demolici贸n de los edificios, por parte del ej茅rcito conquistador, en donde se
hallaban los espacios destinados a conservar la memoria de aquellos pueblos originarios
de M茅xico, fueron hechos que produjeron la devastaci贸n de una gran cantidad de
acervos
documentales de esa 铆ndole; los 鈥渁utos de fe鈥 fue otro de los procedimientos que
los frailes espa帽oles llevaron a cabo con particular delirio para aniquilar lo que ellos
consideraron categ贸ricamente como 鈥渙bras del demonio鈥. En efecto, el bello colorido y
los extra帽os caracteres de los aut茅nticos libros aut贸ctonos mayas hicieron pensar que se
trataban de objetos que 鈥渃onten铆an mentiras del Diablo鈥. La misma opini贸n se gener贸
respecto a los textos de los pueblos nahuas:

La Conquista y la destrucci贸n que vino aparejada con ella dieron muerte a ese doble
sistema de historia [escrita y oral]. Proscrita la cultura n谩huatl, porque se pens贸 ser obra
del demonio, se quiso suprimir lo que constitu铆a la conciencia misma de esa cultura: sus
c贸dices, sus cantares y poemas. (Le贸nPortilla; 1968, p. 71).


Si los historiadores y antrop贸logos al investigar en torno de los c贸dices prehisp谩nicos
usan las categor铆as de libros manuscritos, libros pictogr谩ficos, libros mesoamericanos,
entre otros conceptos, entonces es viable referirse a esta 芦documentograf铆a
prehisp谩nica禄 con el t茅rmino de 芦bibliograf铆a ind铆gena mesoamericana禄. A
continuaci贸n maticemos el fen贸meno de devastaci贸n de esta 芦bibliograf铆a pictogr谩fica禄
de manera m谩s pormenorizada.

El holocausto de los c贸dices nahuas por el fanatismo de Fray Juan de Zumarraga.

Los h谩bitos devastadores del aparato de coacci贸n religiosa

Respecto a la brutalidad extrema en asunto de quemas de libros, cabe mencionar que los
conquistadores espirituales llegados a Mesoam茅rica tra铆an amplia experiencia. La
Espa帽a cat贸lica en el siglo XV hab铆a ordenado consumir en la hoguera, sin exagerar,
millones de libros. As铆, acervos de libros pertenecientes a jud铆os y moros fueron
consumidos en el fuego. Y al libro prohibido se sum贸 el libro quemado, y en uno y otro
caso los responsables no sabr铆an deslindar con certeza lo positivo o negativo, lo
trascendente o vacuo, lo balad铆 o profundo del contenido de una cantidad incalculable
de material documentogr谩fico. La ignorancia y el fanatismo fueron las estrellas polares
que guiaban a los destructores de libros y bibliotecas. Con este poder de percepci贸n, los
mismos h谩bitos devastadores del aparato de coacci贸n implantado en tierras de la
Am茅rica prehisp谩nica son los que se practicaron. Las objeciones religiosas, morales o
pol铆ticas eran los motivos que orillaban a reducir a cenizas la memoria, el conocimiento,
la informaci贸n. Los feroces biblioclastas o destructores de libros venidos de Europa
ser铆an los autores intelectuales y materiales que los historiadores y antrop贸logos no
cesan de se帽alar de manera expl铆cita.


De este modo, a consecuencia de una evidente ignorancia, algunos frailes dieron rienda
suelta para ejecutar, con tea en mano, espect谩culos dantescos que debieron producir
una gran angustia y desolaci贸n en el esp铆ritu ind铆gena. La brutalidad extrema propici贸
que pr谩cticamente no quedara rastro de esos vestigios institucionales e instrumentales
tras la invasi贸nconquista militarreligiosa. En torno de esta cat谩strofe, se sabe que
durante 鈥渆l sitio de M茅xico [Tenochtitlan], en 1521, se destruy贸 casi por completo la
ciudad y por tanto un n煤mero incalculable de documentos鈥 (Baudot; 1979, p. 32). Se
pulverizaron as铆 fuentes testimoniales de primera mano que los conquistadores jam谩s
supieron determinar con exactitud si el contenido era o no importante. Respecto a la
agresi贸n militar de manera m谩s expl铆cita se asevera:

Los amoxcalli o casas de libros de Tenochtitlan y Tlatelolco desaparecieron violentamente
bajo el fuego y la acci贸n de los zapadores durante el asedio. Las de Texcoco, m煤ltiples
veces ensalsadas por propios y extra帽os, soportaron la doble conquista. (Historia de
M茅xico; 1975. p. 212).


Las casas de libros o bibliotecas inherentes a la cultura n谩huatl pueden ser
consideradas, en el estado actual de nuestros conocimientos, como las primeras
instituciones documentales de la gran civilizaci贸n ind铆gena de Mesoam茅rica; como el
rasgo dominante de la cultura documental nativa de esta regi贸n. La existencia de esos
espacios, destinados a la acumulaci贸n, conservaci贸n y uso del saber aut贸ctono,
rebosantes de manuscritos, ilustra la tendencia del esp铆ritu de esos pueblos; la
Conquista espa帽ola har铆a desaparecer por completo tales lugares propios de los sabios,
de los ind铆genas especializados en interpretar los signos y los n煤meros. Respecto a la
acci贸n demoledora de los conquistadores espirituales, se afirma que los frailes
franciscanos, encabezados por Juan de Zum谩rraga:

[…] viendo en los c贸dices figuras del mal y para quitar la idolatr铆a al pueblo, se
apoderaron de los archivos de Tenochtitlan y Tlatelolco, incendiando con ellos una
hoguera del tama帽o de un monte que arder铆a por espacio de ocho d铆as. (Ray贸n; 1854, p.
979).


Con este tel贸n asolador de fondo, la historia acusa a Diego de Landa, otro miembro de la
orden franciscana, como uno de los mayores destructores de c贸dices prehisp谩nicos. El
fanatismo religioso de ese fraile lo incit贸 a quemar en un auto de fe, realizado el 12 de
julio de 1562 en la ciudad de Man铆, una cantidad enorme de libros nativos referentes a la
civilizaci贸n maya. Seg煤n informaci贸n registrada en Wikipedia, se calcula que el autor de
la Relaci贸n de las cosas de Yucat谩n fue el responsable, el principal art铆fice, de incinerar
70 toneladas de libros que conten铆an todos los asuntos de esa cultura milenaria que se
gener贸 en el sursureste de M茅xico. Mientras que en otra fuente sobre el mismo
acontecimiento se afirma: 鈥淸…] miles de c贸dices fueron destruidos por los
conquistadores espa帽oles; fray Diego de Landa quem贸 cien mil c贸dices mayas鈥 (Arizpe y
Tostado; 1993, p. 69). Acaso en el marco del terror sembrado por Landa esa cantidad de
documentos destruidos resulte exagerada para algunos, por lo que es mejor ajustarnos
al punto de vista indeterminado que sugiere que ese religioso hizo 鈥渦na hoguera
inmensa de c贸dices鈥 en aquella localidad mayense. Lo inequ铆voco es que hoy en d铆a:

Nuestro conocimiento del pensamiento maya antiguo representa s贸lo una min煤scula
fracci贸n del panorama completo, pues de los miles de libros en los que toda la extensi贸n
de sus rituales y conocimientos fueron registrados, s贸lo cuatro han sobrevivido hasta los
tiempos modernos (Coe; 1987, p. 161).

Algo semejante aconteci贸 con el acervo de libros prehisp谩nicos que se produjeron en el
contexto de los pueblos asentados en el An谩huac (Texcoco, Tlaxcala, Chalco, Cholula,
Acolhuac谩n, Tenochtitlan y otros) y que ten铆an en com煤n la lengua n谩huatl. En relaci贸n
con el asunto que nos ocupa, a Juan de Zum谩rraga es otro, en efecto, de los personajes
contradictorios que la historia acusa como el culpable de haber ordenado quemar
manuscritos aztecas en pat茅ticos autos de fe, espec铆ficamente los de Texcoco. Se sabe as铆
que en su calidad como primer y principal l铆der inquisidor de Nueva Espa帽a:

[…] fray Juan de Zum谩rraga, en su intento de acabar con lo que consideraba como
鈥渋dolatr铆a鈥, incendi贸 el acervo de Texcoco, donde se calcula que hab铆a cientos de miles de
c贸dices nahuas y de los que tan s贸lo se han conservado catorce. (Arizpe y Tostado; 1993,
p. 69).


Sobre ese mismo personaje, es elocuente la acusaci贸n que el conocimiento
antropol贸gico cierne sobre de 茅l, al considerarlo como uno de los principales
arrasadores de una gran cantidad de libros y documentos nativos prehisp谩nicos, es
decir, manuscritos pictogr谩ficos antiguos que conformaban entonces el testimonio
importante del conocimiento escrito. En s铆ntesis se asevera:

Una buena parte de esta documentaci贸n escrita tambi茅n fue destruida voluntariamente
despu茅s de la conquista. Muchos libros ten铆an car谩cter religioso o m谩gico. El obispo
Zum谩rraga los hizo recoger y quemar, sin duda junto con mucho otros de naturaleza
profana, tales como relatos hist贸ricos. (Soustelle; 1970, p. 13).


Los antiguos mexicanos amaban sus libros, y fue una gran parte de su cultura la que se
perdi贸 cuando la mano fan谩tica de Zum谩rraga arroj贸 a la hoguera miles y miles de
preciosos manuscritos. (Soustelle; 1970, p. 229).


As铆, no se tiene idea de la cantidad de libros pictogr谩ficos que fueron destruidos por
Zum谩rraga, pues: 鈥淣adie sabe cu谩ntos c贸dices valiosos fueron destruidos en la hoguera
del obispo鈥 (Davies, 1988, p. 230). Aunque hay otra versi贸n que contrasta y objeta que
Zum谩rraga haya sido el causante o el principal autor intelectual de esas quemas de
c贸dices antiguos, la verdad es que el resultado catastr贸fico respecto a esa
documentaci贸n ind铆gena mesoamericana fue el mismo:

Se ha acusado a Zum谩rraga de vandalismo y de haber hecho destruir los monumentos y
documentos de la antigua cultura mejicana, en especial los archivos reales de Texcoco, y
esta mala fama pesa sobre 茅l, a partir del padre Torquemada (1615), y el historiador indio
Ixtlilxochitl (siglo XVII), enconada por autores modernos que le atribuyen gigantescos
autos de fe de bibliotecas aztecas; le ha vindicado J. Garc铆a Icazbalceta (Biograf铆a de D.
Fr. Juan de Zum谩rraga, primer Obispo y Arzobispo de M茅jico, M茅jico, 1881; Madrid,
1929), demostrando que los archivos de Texcoco fueron destruidos por los tlaxcaltecas al
tomar con Cort茅s la ciudad, en 1520; que la destrucci贸n de templos e 铆dolos fue llevada
siempre con empe帽o por los religiosos y conquistadores e impulsada por orden de Carlos
V (1538), para acabar con la idolatr铆a, en lo que particip贸, m谩s o menos, Zum谩rraga,
movido por su celo, y que no hay pruebas de un sistem谩tico vandalismo en 茅l contra los
manuscritos, muchos ya v铆ctimas de lo dicho y de las guerras. (Esquerra; 1952, pp. 1486).

El holocausto de los c贸dices nahuas por el fanatismo de Fray Juan de Zumarraga.

Empero, la historia de libro no cesa de atribuir rotundamente a esos dos representantes
de la Iglesia Cat贸lica espa帽ola, esto es, a Landa y Zum谩rraga, los actos de hacer arder
grandes cantidades de libros nativos de los pueblos mesoamericanos m谩s relevantes.
Por ejemplo, en una obra de reciente publicaci贸n, cuyo t铆tulo es lo suficientemente
expl铆cito: Libros en llamas: historia de la interminable destrucci贸n de bibliotecas, el
autor refiere con particular 茅nfasis los fren茅ticos incendios que esos evangelizadores
espa帽oles desencadenaron en torno de la documentaci贸n azteca y maya:

Juan de Zum谩rraga, obispo de M茅xico, luego gran inquisidor de Espa帽a extramuros entre
1536 y 1543, tuvo el orgullo de hacer arder todos los c贸dices aztecas que los incendios de
Cort茅s hab铆an olvidado. Todos los tonalamatl, libros sagrados que 茅l ordenaba recoger a
sus agentes o que se encontraban en los amoxcalli, salas de archivos […]. En 1529
Zum谩rraga hace transportar la biblioteca de la 鈥榗ulta capital de An谩huac y el gran
dep贸sito de archivos nacionales鈥 en la plaza del mercado de Tlatelolco, hasta formar 鈥榰na
monta帽a鈥 a la que los monjes, cantando, se aproximan con sus antorchas. Miles de
p谩ginas policromas arden. El conquistador existe para matar y expoliar, el religioso para
borrar; el obispo cumple su misi贸n satisfaciendo su deseo consciente de destruir la
memoria y el orgullo de los aut贸ctonos (Polastron; 2007, p. 115).


El franciscano Diego de Landa, nacido en 1524, fue uno de los primeros predicadores que
lleg贸 a Yucat谩n. Su ejemplo como destructor intencionado supera, si es posible, al de
Zum谩rraga: como estudi贸 las costumbres de los mayas y descifr贸 sus jerogl铆ficos, sus
acciones ganan cinismo y crueldad. […] Cuando llegaron los espa帽oles la civilizaci贸n de
Yucat谩n estaba en decadencia; por eso en 1561 realizaron la haza帽a de destruir de un solo
golpe casi la totalidad de los escritos del pa铆s, reunidos con devoci贸n en un reserva secreta
de Man铆 que hab铆a sido la sede de la dinast铆a Tutul Xiu. (Polastron; 2007, pp. 116 y 117).


Tomando en cuenta el a帽o (1521) en que fue vencido el pueblo azteca y con esto la
destrucci贸n de su ciudad y consecuentemente su cultura documental, es de dudar que
para esos a帽os haya habido a煤n alguna 芦casa de libros禄 o amoxcalli no digamos
funcionando sino de pie. La poderosa tecnolog铆a b茅lica del ej茅rcito de Hern谩n Cort茅s
usada durante la invasi贸n de Mesoam茅rica, as铆 como el recelo mostrado por los
religiosos que apoyaban este proceso, permite dilucidar que esos recintos destinados a
conservar la memoria ind铆gena n谩hualt debieron ser destruidos antes de la llegada de
Zum谩rraga. Sin embargo, la interpretaci贸n que se hace en la obra Libros en llamas, es
posible y sobre todo indiscutible en relaci贸n con el espect谩culo desolador e impactante
de aquellas delirantes quemas de c贸dices realizadas por aquel fraile.


Desde otra 贸ptica, Soustelle, al referirse a los documentos manuscritos de car谩cter
religioso en el contexto mexica, adem谩s de concordar respecto a la destrucci贸n cuando
escribe sobre los libros sagrados aztecas, nos ofrece algunos ingredientes sobre la
existencia de esa naturaleza de acervos:

Estas obras, que se conservaban en los templos, se conocen con el nombre de c贸dices;
eran escritos en piel de gamo o en fibras de maguey por escribas (tlacuiloanime) que
empleaban a la vez la pictograf铆a, ideogramas y s铆mbolos fon茅ticos. Los c贸dices trataban
del calendario ritual, de la adivinaci贸n, de las ceremonias y de especulaciones sobre los
dioses y el universo. La mayor parte de esos textos fue destruida despu茅s de la conquista,
pero han sobrevivido algunos espec铆menes notables[…]. (Soustelle; 1982, p. 45).


Continuemos, desde otra perspectiva, con el tema que nos ocupa.

El holocausto de los c贸dices nahuas por el fanatismo de Fray Juan de Zumarraga.

El exterminio hist贸rico y el robo cultural de la memoria ind铆gena

Acorde con lo expresado, no cabe duda que la devastaci贸n que debi贸 causar mayor
trauma entre los pueblos prehisp谩nicos fue la de car谩cter cultural. As铆, si nos adherimos
al concepto amplio de cultura, es verdad cuando se asevera:

[…] la p茅rdida m谩s grande que sufrieron los vencidos fue la destrucci贸n de muchas de sus
creaciones culturales, desde sus templos y palacios hasta sus libros con pinturas y signos
gl铆ficos. Tal destrucci贸n signific贸 en alto grado la p茅rdida del antiguo saber acerca de las
realidades divinas, humanas y naturales. […] Escaparon a las quemas unos pocos de esos
libros, que nos permiten conocer algo de lo que era su contenido, sus formas de
presentaci贸n, su valor inapreciable para acercarnos a la cultura nativa. (Le贸nPortilla;
2003, p. 32).

El holocausto de los c贸dices nahuas por el fanatismo de Fray Juan de Zumarraga.

En raz贸n del conocimiento que nos ofrecen los historiadores en torno de los
manuscritos mesoamericanos, se infiere que los fen贸menos de destrucci贸n y
desplazamiento de la cultura documental ind铆gena se suscitaron con el descubrimiento
del continente americano en general, y con la llegada de los invasoresconquistadores
colonizadores espa帽oles en particular. Punto de vista que se sintetiza cuando se aprecia:
鈥淟a introducci贸n de libros a M茅xico fue un hecho simult谩neo a la conquista. Vinieron,
literalmente, en manos del espa帽ol desde el primer momento de la conquista.鈥 (Osorio
Romero; 1986, p.12). Empresa cultural que vino a suplir con atropello inaudito el
universo cultural manuscritopictogr谩fico del pensamiento ind铆gena. Los excesos de la
agresi贸n por parte de los invasores primero, de los colonizadores despu茅s en torno de
ese cosmos documental ind铆gena, se pueden entender cuando los historiadores
coinciden en se帽alar la devastaci贸n y p茅rdida casi total de los testimonios nativos
registrados en c贸dices y monumentos. Es decir:

Entrado el siglo XVI, la expresi贸n de la palabra ind铆gena en tierras mexicanas, al igual
que la cultura prehisp谩nica en su totalidad, recibi贸 el impacto violento de la invasi贸n de
los que se conocieron como los 鈥渉ombres de Castilla鈥. Reabri贸 as铆 un nuevo periodo a lo
largo del cual muchos testimonios de la antigua palabra en diferentes lenguas se
perdieron para siempre. (Le贸nPortilla; 1992, p. 16).


Se deduce por lo tanto que la cultura documental en el contexto mesoamericano fue
aniquilada mediante mecanismos de destrucci贸n y represi贸n. El binomio destrucci贸n
represi贸n estuvo estrechamente vinculado con el de conquistacolonizaci贸n. A los actos
pir贸manos de los agresores espa帽oles de aquel tiempo hay que a帽adir los actos de pillaje
que cometieron ellos y otros durante y despu茅s de esos procesos duales. De tal modo
que hoy se afirma: 鈥淓n la Biblioteca Nacional de Par铆s hay c贸dices obtenidos por ventas
dudosas y saqueos. […] La lista es extensa, y produce v茅rtigo conocer que los m谩s
importantes se hallan en Europa, saqueados鈥. (B谩ez; 2008, p. 72). En este contexto de
timo y abuso, entre los ladrones hist贸ricos sobresalen quienes han pertenecido a grupos
de la mafia cat贸lica y personas sin escr煤pulos enclavados en el poder del Estado,
burocracia clept贸mana en todo caso. B谩ez, en relaci贸n con el fen贸meno del robo
cultural, realidad esquizofr茅nica a todas luces, es elocuente al afirmar:

Desde un primer instante, en la etapa de exploraci贸n, la desnaturalizaci贸n y
descertificaci贸n de la memoria hist贸rica de Am茅rica Latina signific贸 manipulaci贸n,
quema, desarticulaci贸n o censura y esto fue constante vil que prevaleci贸 en todas las
naciones que contribuyeron con tan indignantes cr铆menes. No hubo excepci贸n: el
monopolio comercial y delictivo fue cultural. […]

La tradici贸n de pillaje y devastaci贸n cultural fue indetenible y no se confin贸 a los siglos
XVI y XVII: la verdad es que jam谩s ces贸 tal descalabro. En ese sentido, he observado que
el saqueo ha tenido tres etapas: conquista, colonialismo y poscolonialismo. (B谩ez; 2008,
pp. 41 y 45).


Para ofrecer una visi贸n completa de la cultura ind铆gena, es preciso considerar la historia
de la destrucci贸n documental nativa mediante diversos mecanismos, en el que se
incluya el hurto constante entre las diferentes dimensiones del exterminio hist贸rico de
la memoria nativa; se hace necesario entonces estudiar con erudici贸n y talento este
fen贸meno que padecieron los antiguos mexicanos. De modo que nos permita observar
tambi茅n c贸mo la cultura documental colonial destronar铆a abruptamente a la cultura
documental ind铆gena; c贸mo los libros del peninsular destituir铆an as铆, pr谩cticamente de
golpe, a los libros primitivos de la regi贸n conocida como Mesoam茅rica, pues como se
afirma:

Con celo y sa帽a se quiso borrar para siempre el recuerdo. Se quemaron libros y c贸dices.
Se trat贸 de silenciar el aliento, los cantos, relatos y discursos, la historia, sustento mismo
del ser de los primeros pobladores de M茅xico. (Le贸nPortilla; 2003, p. 43).


As铆 se perdi贸 una cantidad incalculable de la sabidur铆a cosmog贸nica y acervos con
testimonios, valores y conocimientos necesarios que hab铆an logrado acumular aquellos
pueblos originarios en relaci贸n con problemas, acontecimientos e ideas que entra帽aron
su supervivencia durante siglos; colecciones de c贸dices o libros aut贸ctonos con
informaci贸n referente a asuntos administrativos, educativos, religiosos, astron贸micos,
geneal贸gicos, cronol贸gicos, mineros, metal煤rgicos, militares, pol铆ticos, geogr谩ficos,
medicinales, hist贸ricos y sociales de diversa 铆ndole. Libros manuscritos aut茅nticos
mexicas, mayas, mixtecos, zapotecos, otom铆es, pur茅pechas, toltecas y de otras
civilizaciones mesoamericanas de ra铆z milenaria no menos relevantes, sucumbieron por
la acci贸n destructiva de los conquistadores. Desaparecer todo elemento de cultura
ind铆gena para as铆 imponer la cultura dominante de los europeos fue el objetivo principal
de esa destrucci贸n masiva. Ante tal memoricidio:

Los mal llamados indios quedaron sojuzgados, despose铆dos de lo que hab铆a sido su
antorcha, su luz, en el mundo. Arrinconados, tenidos como gente de bajo quilate, su
destino fue obedecer, servir a quienes se ense帽orearon en los tres siglos de la Nueva
Espa帽a y luego en lo que ya casi dos de vida independiente de M茅xico. (Le贸nPortilla;
2003, p. 43).
Al ser destruidos o arrebatados los libros de pinturas y derruidas sus bibliotecas y
escuelas nativas, el mundo ind铆gena prehisp谩nico lleg贸 al final. La grandeza de esas
instituciones culturales, s铆mbolos del pensamiento y acci贸n de los antiguos pueblos
mesoamericanos, se extingui贸 para siempre. Mientras tanto, los escasos manuscritos
iluminados seguir谩n suscitando constantes intereses, estudios e investigaciones
alrededor del mundo, aunque tambi茅n codicia. De tal suerte que si las bibliotecas
prehisp谩nicas dejaron de existir como procesos de la cultura superior aborigen, algunas
bibliotecas de hoy en d铆a continuar谩n rebosando sus estantes con libros que tratan las
formas m谩s antiguas de conservar la memoria ind铆gena de esos tiempos.

El holocausto de los c贸dices nahuas por el fanatismo de Fray Juan de Zumarraga.

Conclusiones

Con base en lo expuesto, se concluye que la hecatombe a ra铆z de la invasi贸nconquista
espa帽ola afect贸 con particular tirria la memoria hist贸rica ind铆gena, pues 茅sta fue objeto
de ataque, represi贸n, fuego, robo y censura. El proceso de aniquilamiento fue
sistem谩tico, feroz e implacable. As铆, hoy sabemos que gran parte de la memoria escrita
de Mesoam茅rica desapareci贸; que los caxtiltecas u hombres de Castilla que al comienzo
fueron err贸neamente vistos por los aztecas como seres enviados por Quetzalc贸atl
(deidad principal o Ser Supremo), terminaron siendo denominados acertadamente por
los vencidos como popolocas, b谩rbaros, pues la naci贸n mexicana hab铆a sido herida de
muerte y con esto el fermento m谩s relevante que reflej贸 el esplendor de lo que se conoce
en los anales de la historia universal como cultura superior precolombina, evidente a
trav茅s de los antiguos libros de pinturas, termin贸 en tragedia. Esto signific贸 el
cataclismo de la sabidur铆a de hombres y mujeres que forjaron la civilizaci贸n
mesoamericana; que vivieron, hace siglos, en el M茅xico ind铆gena.

El holocausto de los c贸dices nahuas por el fanatismo de Fray Juan de Zumarraga.