• lun. Sep 21st, 2020

Ciencia Y Educación

Descubren evidencia humana de 30,000 a√Īos de antig√ľedad en M√©xico.

Descubren evidencia humana de 30,000 a√Īos de antig√ľedad en la Cueva del Chiquihuite, Zacatecas

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Utensilios hallados en una cueva en el centro de M√©xico evidencian que los humanos viv√≠an en Norteam√©rica hace m√°s de 30 mil a√Īos, es decir 15 mil a√Īos antes de lo que se pensaba, anunciaron investigadores el mi√©rcoles.

El material encontrado, incluidas mil 900 herramientas de piedra tallada, son muestra de una ocupaci√≥n humana en la cueva del Chiquihuite, al norte de Ciudad de M√©xico, que se remonta a 33 mil a√Īos, y que dur√≥ 20 mil a√Īos, destacan dos estudios publicados en la revista Nature.

“Nuestras investigaciones aportan nuevas pruebas sobre la antig√ľedad de la presencia de humanos en las Am√©ricas”, declar√≥ a la AFP el arque√≥logo Ciprian Ardelen, autor de uno de los dos estudios.

Los utensilios m√°s antiguos encontrados en esta cueva, situada en altitud, fueron datados con carbono 14 en un rango de entre 33 mil y 31 mil a√Īos antes de la era cristiana. “No son muchos, pero est√°n ah√≠”, coment√≥ este investigador de la Universidad Aut√≥noma de Zacatecas.

Si bien no se hall√≥ ning√ļn hueso ni ADN en el lugar, “es probable que los humanos lo utilizaran de forma relativamente constante, quiz√°s durante episodios estacionales recurrentes que forman parte de periodos migratorios m√°s grandes”, concluye el estudio.

La historia de c√≥mo y cuando lleg√≥ el Homo Sapiens a las Am√©ricas –la √ļltima gran masa de tierra poblada por la especie humana– es a menudo objeto de debate entre los expertos.

El hallazgo se dio a conocer este miércoles en la revista científica Nature, resultado de una investigación multidisciplinaria encabezada por la UAZ

Descubren evidencia humana de 30,000 a√Īos de antig√ľedad en la Cueva del Chiquihuite, Zacatecas

 El doctor Ciprian Ardelean, de la Universidad Autónoma de Zacatecas; tres investigadores del INAH llevan a cabo los estudios paleontológicos

Concepci√≥n del Oro, Zac.- En este municipio se hall√≥ una cueva con herramienta l√≠tica de tradici√≥n tecnol√≥gica desconocida, la cual ha sido estudiada a la par de fragmentos de hueso animal, restos de plantas y ADN ambiental contenido en sedimento recolectado en el sitio; los resultados de los an√°lisis de laboratorio sugieren que fue ocupada por personas hace aproximadamente entre 30,000 y 13,000 a√Īos. La llaman Cueva del Chiquihuite.

Los nuevos descubrimientos aportan pruebas contundentes a la postura de que el poblamiento de Am√©rica del Norte fue m√°s antiguo de lo que se supon√≠a hace apenas dos d√©cadas, y se suman a otros descubrimientos relevantes en las Tierras Altas de Chiapas, M√©xico central y cuevas inundadas de la costa caribe√Īa, correspondientes al final de la √©poca del Pleistoceno y al Holoceno Temprano.

Adem√°s de proporcionar evidencias confiables de la antig√ľedad de la presencia humana en la regi√≥n noroeste de M√©xico, las evidencias materiales indican la diversidad cultural de los primeros grupos que se dispersaron por el continente.

As√≠ lo da a conocer una investigaci√≥n multidisciplinaria e interinstitucional publicada este mi√©rcoles en la revista cient√≠fica Nature, en la cual los cient√≠ficos, encabezados por el doctor Ciprian Ardelean, arque√≥logo de la Universidad Aut√≥noma de Zacatecas, sugieren que Am√©rica del Norte estaba poco poblada, posiblemente, antes del √öltimo M√°ximo Glacial (LGM, por sus siglas en ingl√©s), que ocurri√≥ entre hace 18,000 a 27,000 a√Īos; es decir que existieron grupos humanos anteriores a los Clovis, por mucho tiempo considerados los primeros pobladores de Am√©rica, con 13,500 a√Īos de antig√ľedad.

El autor principal del artículo es Ciprian Ardelean y entre los coautores participan tres investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), organismo desconcentrado de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, quienes llevan a cabo los estudios en materia paleontológica del proyecto: Joaquín Arroyo Cabrales, codirector del Proyecto Paleontológico en Santa Lucía; Alejandro López Jiménez, también paleontólogo en Santa Lucía, e Irán Rivera González, investigadora de la Escuela Nacional de Antropología e Historia.

En el art√≠culo, los cient√≠ficos describen rigurosos m√©todos de estudio en laboratorios de Dinamarca, Oxford (RU) y M√©xico (UNAM, SLAA-INAH, ENAH), aplicados en muestras microsc√≥picas de hueso, carb√≥n y sedimentos en los que se conservaron polen y fitolitos, as√≠ como elementos qu√≠micos propios de la acci√≥n humana, los cuales llevaron a la obtenci√≥n de datos cronol√≥gicos certeros, a partir de m√°s de 50 fechas: 46 por radiocarbono y 6 por Luminiscencia √ďpticamente Estimulada (OSL); as√≠ como datos gen√©ticos, paleoambientales y qu√≠micos que documentan entornos cambiantes donde habitaron hombres y mujeres desde hace 30,000 a 13,000 a√Īos.

Asimismo, describen avances en el estudio de la l√≠tica recuperada en la cueva, la cual suma alrededor de mil 900 artefactos de piedra. Explican que se trata de una tradici√≥n cultural de trabajo de piedra desconocida, que perdur√≥ durante los casi 18,000 a√Īos de ocupaci√≥n del sitio.

En entrevista, el arqueólogo Ciprian Ardelean detalla que el hecho de tratarse de lítica desconocida no significa algo extraordinario, pues la talla de piedra en los grupos cazadores-recolectores del Pleistoceno es distinta, lo relevante es que los datos indican una diversidad cultural amplia de la gente que llegó a poblar Norteamérica. La propuesta del investigador advierte que cada grupo seguía sus rutas y enfrentaba el entorno con respuestas particulares y desarrollaba sus estilos propios.

Ardelean lleg√≥ a este sitio despu√©s de un a√Īo de recorrer a pie y de manera sistem√°tica kil√≥metros de sierra, en la regi√≥n de Concepci√≥n del Oro, en busca de evidencias humanas antiguas, gui√°ndose por la interpretaci√≥n de la forma del terreno y con la orientaci√≥n de lugare√Īos. En 2010, alcanz√≥ la Cueva del Chiquihuite, ubicada a 2,740 metros sobre el nivel medio del mar y, aproximadamente, 1,000 metros sobre el suelo del valle.

Los primeros vestigios los hall√≥ en 2012, a trav√©s de un pozo de sondeo que le indic√≥ el potencial arqueol√≥gico, y en 2016 comenz√≥ la primera temporada de campo, derivada de un proyecto de investigaci√≥n avalado por el Consejo de Arqueolog√≠a del INAH; a la fecha lleva cuatro temporadas de campo. Desde las primeras capas hall√≥ artefactos de piedra de factura extra√Īa que al principio le cost√≥ trabajo entender: lascas transversales, es decir, m√°s anchas que largas.

Volver a caminar sobre el Pleistoceno.

La cueva es de paredes gris√°ceas, tiene dos c√°maras interconectadas, cada una de m√°s de 50 metros de ancho, 15 metros de alto y un suelo inclinado repleto de estalagmitas. Estas puntas carbonatadas son las centinelas del pasado: ‚ÄúDebajo de los espeleotemas uno pisa el Pleistoceno‚ÄĚ, dice con emoci√≥n Ciprian Ardelean. Las herramientas m√°s antiguas se alcanzaron a los tres metros de profundidad, pero en todas las capas se encontraron artefactos.

Al momento se tienen clasificados n√ļcleos, lascas, cuchillas, restos de lascas modificadas o usadas, rascadores, puntas, azuelas y elementos puntiagudos formados por fractura de los bordes de la piedra caliza y l√°minas de calcita. Resultados de an√°lisis petrogr√°ficos sugieren que no pertenecen a la roca que conforma las paredes y el techo de la cueva. El 90 por ciento de las herramientas son de piedra caliza recristalizada, de colores verde y negruzco, disponible en las proximidades del sitio, en forma de peque√Īos n√≥dulos sueltos, erosionados de fuentes geol√≥gicas a√ļn no identificadas.

La selectividad de material observada en la fabricación de herramientas refleja un conocimiento de los valores de la piedra disponible, y la toma consciente de decisiones, de acuerdo a ese valor, destaca el artículo científico.

Al interior de la cueva, la temperatura se mantiene en 12 grados, no importa si afuera es invierno o primavera; el arqueólogo Ardelean supone que sirvió de refugio obligado durante el invierno, donde cazadores-recolectores se protegían de las bajas temperaturas registradas antes del Último Máximo Glacial.

El área de excavación se ubicó 50 metros hacia adentro de la entrada principal de la cueva, la cual quedó sellada a consecuencia de un derrumbe a finales del Pleistoceno. Los arqueólogos ingresaron por una entrada secundaria, haciendo maniobras de excavación de alto riesgo, siguiendo un desarrollo muy lento para evitar un deslave.

Las condiciones de la cueva, su temperatura regular y el hecho de quedar sellada por el derrumbe contribuyeron a que en su interior se conservara material org√°nico en perfectas condiciones, lo que hizo posible recuperar ADN ambiental, que Ardelean define: ‚ÄúMol√©culas de ADN disueltas en la tierra procedentes de polen, orina, cabellos, c√©lulas muertas‚ÄĚ; explica que cualquier componente de un ser vivo queda disperso en el ambiente y cae al suelo, peg√°ndose a las arcillas, las cuales se recuperan para ser analizadas.

A través de estudios de laboratorio se identificaron especies de plantas presentes en cada época; para el LGM, los resultados describen una zona boscosa que el arqueólogo compara con paisajes canadienses: bosques, grandes lagos e inviernos crudos. Pasado el LGM ocurre un cambio muy claro en el que dominan las agaváceas.

Asimismo, se identificaron fitolitos de una especie de palma, algunos quemados, que pudieron corresponder a alg√ļn artefacto o alimento llevado ah√≠ por personas; en todos los estratos se hall√≥ carb√≥n vegetal, posiblemente, resultado de una combinaci√≥n de incendios forestales y de chimeneas de origen humano.

Entre la fauna se identificó ADN de murciélago presente en todas las capas, así como de roedores, marmota, cabra, oveja, y baja proporción de aves: gorrión y halcón; en tanto, de fragmentos de hueso se extrajo microfauna, y en los estratos del periodo LGM se recuperaron restos óseos que corresponden a géneros más grandes: oso negro, cóndor y nutria.

El paleont√≥logo Joaqu√≠n Arroyo destaca que uno de los pocos huesos fechados fue un b√°culo de oso que se hall√≥ completo, el cual dio gran expectativa al sitio arrojando alrededor de 27,500 a√Īos; destaca que hay muy pocos huesos grandes y est√°n bastante fragmentados.

El especialista llevó a cabo la identificación de los restos óseos y brindó apoyo institucional para la investigación, por parte del INAH; asimismo, realizó la comparación de los resultados de estudios de ADN ambiental. El científico advierte que la participación en estudios interinstitucionales y multidisciplinarios forma parte de las labores del Laboratorio de Arqueozoología del INAH, del cual es jefe, lo que permite que el Instituto esté involucrado en estudios internacionales, en este caso, de gran impacto para las investigaciones de prehistoria.

El trabajo forma parte del Proyecto Arqueológico de los Cazadores del Pleistoceno del Altiplano Norte, de la Universidad Autónoma de Zacatecas, financiado en parte por el Conacyt, que al momento ha identificado más de 30 sitios de cazadores-recolectores dentro de la cuenca endorreica de Concepción del Oro, ya registrados ante el INAH.

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